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Lapices de colores de madera

La otra vuelta al cole

Comienza la vuelta al cole. Estos días más de 8 millones de escolares vuelven a tomar las aulas, esas que quedaron vacías el pasado mes de marzo. Seis meses después, a las mochilas cargadas de ilusión y llenas de libros de texto, cuadernos y lápices, se suma el Kit COVID: mascarillas, pañuelos desechables y gel hidroalcohólico.

En un panorama de incertidumbre general, expertos coinciden en la necesidad de retomar la actividad escolar, no sólo por su función clave en el desarrollo y la adquisición de habilidades, sino también por salud, bienestar y equidad. Ello adquiere mayor relevancia entre los niños y jóvenes más vulnerables, pues la enseñanza a distancia puso de manifiesto las desigualdades entre familias con diferentes recursos materiales, digitales y personales.

Si para cualquier padre o madre son días de nervios, dudas y cábalas para organizar horarios, imagínate cuando tus hijos tienen necesidades especiales o es imposible afrontar la inversión en dispositivos para las clases online.

La educación especial, más allá del currículo

En los colegios de educación especial, la vuelta a las aulas es más una cuestión psicológica que escolar. “Nuestros alumnos necesitan mantener contacto con sus iguales, tener relaciones con sus amigos, la educación online no sustituye la socialización que permiten las interacciones con los docentes y entre los escolares”, explica Irene López, directora del centro escolar Estudio 3 de AFANIAS (Madrid).

Sin embargo, algo tan elemental como ir al baño o elegir con qué compañero jugar, acciones que antes formaban parte de la voluntad de los alumnos, requieren ahora de la intervención del profesorado. “Nuestra metodología pedagógica se basa en la autonomía personal y social del alumnado, pero la situación actual exige altos niveles de supervisión”, reconoce Irene, y añade que los talleres extraescolares y los eventos sociales se han suspendido para minimizar el riesgo.

Superar los límites a la formación

Podemos pensar que los alumnos de mayor edad han sabido adaptarse mejor a la enseñanza online durante la pandemia, pero la situación ha sido más compleja, especialmente para jóvenes en riesgo de exclusión.

La Fundación Federico Ozanam, en Zaragoza, incide sobre el perfil de los estudiantes que forman parte de sus programas para el empleo que abarca desde los 16 a los 25 años. Como indica Rosa Jiménez, coordinadora de la Escuela de Segunda Oportunidad, “no podemos olvidar la brecha digital existente entre nuestros alumnos y su poca alfabetización digital. Además, la formación online exige marcarse un horario y administrarse el tiempo, una capacidad de autogestión que aún tienen que desarrollar”.

Continuar con la máxima de aprender haciendo es uno de los mayores desafíos para estos programas eminentemente prácticos, pero no el principal. “En el caso de la Escuela Taller Conectando, tenemos la suerte de estar inmersos en la informática, y podemos realizar prácticas a distancia, pero se han presentado las mismas barreras: no disponer de equipos adecuados y la falta de disciplina en el autoaprendizaje”, subraya David Sebastián, director del proyecto.

El derecho al juego

La actividad física y el deporte como ocio son fundamentales para el desarrollo de cualquier niño, no sólo para combatir la obesidad y el sedentarismo, sino porque favorecen su desenvolvimiento social, así como la adquisición de valores como el compromiso, el esfuerzo, la constancia y el trabajo en equipo. Todo ello sin olvidar que facilita la conciliación familiar al tratarse de un complemento de la jornada escolar.

Beatriz Fernández, gerente de la organización La Torre de Hortaleza, va más allá de los beneficios que todos conocemos al destacar que “no podemos olvidar que el objetivo más importante del ocio es el derecho al juego, a disfrutar del tiempo libre y hacerlo de una manera sana, proactiva y segura, en compañía de sus iguales”.

Tomando el baloncesto como escuela de vida, y trabajando paralelamente el apoyo al estudio, esta ONG lucha por la integración de menores en riesgo de exclusión social en el madrileño barrio de Hortaleza. La pandemia actual amenaza su actividad, no sólo por la particularidad de esta práctica deportiva, de contacto físico, sino por la gran dependencia que tienen de otros centros escolares. “La normativa de las autoridades educativas impide que menores ajenos a los colegios puedan hacer uso de sus instalaciones”, denuncia Beatriz.

Aprendiendo de la actividad extraescolar

El cierre de los centros escolares ha tenido un gran impacto en el aprendizaje de los menores, tal y como señala Esteban Burillo, coordinador de Programas de El Arca de Noé Nazaret (Valencia): “Muchas familias carecen de recursos para compensar los profundos desajustes que ha provocado el confinamiento en la vida escolar de sus hijos”.

Es precisamente ahí donde entran en juego los programas de apoyo a la escolarización, cuyo papel en la protección de los derechos de la infancia es esencial. “Nuestro trabajo implica hacer de intermediarios para asegurar la igualdad de acceso y conexión con la escuela, además reforzar los procesos educativos de los niños y niñas con situaciones más precarias”, comenta Esteban.

En este sentido, las entidades y programas no escolares tienen mucho que aportar en el contexto COVID. “Llevamos años trabajando con otras estrategias diferentes a la escuela, como dinámicas abiertas, grupos pequeños, personalización de la intervención, conexión y complicidad de las familias, etc. No va a ser fácil para nadie, pero creemos que podemos ser de ayuda”.

La brecha de desigualdades es digital

Afortunadamente, son muchas las iniciativas que se han puesto en marcha para reducir las desigualdades que se acentuaron durante el confinamiento, pero las demandas de entonces siguen hoy vigentes.

La brecha digital amenaza con expulsar a más niños del sistema educativo y agudizar la ya preocupante tasa de abandono escolar de nuestro país. A la necesidad de que el alumnado cuente con material tecnológico e internet en sus hogares, se suma la solicitud del profesorado de dotar también a los colegios de recursos digitales.

En esta línea, las empresas socialmente responsables tienen mucho que aportar desde el plano de transferencia de conocimiento y recursos sobre el trabajo remoto a las escuelas, a las familias de los empleados y a las entidades sociales.

En este escenario, se refuerza también la petición de mayor flexibilidad laboral, no sólo para hacer frente a los posibles rebrotes, sino para que los adultos se acerquen a los procesos educativos de sus hijos. Asimismo, se requiere apoyo para el acondicionamiento y cesión de espacios que permitan continuar con la actividad no escolar.

Las ONG cuentan con la creatividad como principal aliado, pero necesitan tu ayuda para seguir innovando. Saber qué les hace falta es clave para que tu colaboración sea eficaz. Contacta con nosotros o infórmate a través de nuestro buscador de ONG Acreditadas. Elige tu causa social o colectivo. ¡Colabora!

10/09/2020

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