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¿Dónde va el dinero que dono a una ONG?

Los fondos que perciben las entidades no lucrativas deben servir para llevar a cabo su misión, pero no solo. Porque las entidades necesitan captar fondos para continuar trabajando y tienen que hacer frente a gastos de estructura. El equilibrio entre esas tres partidas refleja una adecuada gestión.

Cuando una persona decide apoyar a una entidad no lucrativa con una aportación económica, ya sea en forma de cuota mensual o de donación puntual, desearía que su dinero se destinara íntegramente a proyectos. Al fin y al cabo lo que mueve nuestra solidaridad es la acción que lleva a cabo esa organización. Por ello, nos gustaría saber que desde el primer hasta el último céntimo servirá para hacer realidad su misión.

Sin embargo, para que una ONG pueda llevar a cabo su labor en el tiempo y dar servicio a las causas con las que está comprometida, necesita hacer frente a una serie de gastos que no tienen un impacto directo en sus proyectos o beneficiarios. Por un lado, los de administración o también llamados de estructura. Por otro lado, aquellos que le permiten seguir captando fondos (hacer fundraising) para desarrollar su trabajo ahora y en el futuro.

«¿A dónde va mi dinero? ¿El dinero llega a quien lo necesita?» son posiblemente las preguntas que más escuchamos por parte de personas y también de empresas e instituciones que se plantean empezar a colaborar con una ONG. Son preguntas muy razonables. Y tienen respuesta, por supuesto que la tienen, la verás al final de este artículo. Pero entenderlas requiere conocer el funcionamiento de las entidades sin ánimo de lucro.

¿De qué hablamos cuando hablamos de gastos en una ONG?

Tradicionalmente, en el Tercer Sector clasificamos los gastos en tres categorías:

La primera y principal son los gastos de misión, destinados a los proyectos y actividades que responden al objetivo de la entidad. Programas de atención a personas mayores, educación para niños y jóvenes, atención a enfermos, protección del medioambiente, programas de acceso al empleo… Todo ello en España o en otros países. Podríamos poner innumerables ejemplos.

La segunda categoría es la relativa a la estructura y gestión de la entidad. Se suelen denominar gastos de administración y recogen aquellas partidas necesarias para el funcionamiento de la organización. Como hemos indicado antes, no tienen un impacto directo en los proyectos o beneficiarios de la entidad, pero son necesarios para llevar a cabo la actividad adecuadamente. Están relacionados con la planificación y el seguimiento, la organización interna, las obligaciones contables y administrativas, la gestión del órgano de gobierno, etc.

La tercera son los gastos de captación de fondos, necesarios para realizar acciones que buscan financiar la misión de la organización. Pueden ser carreras populares, cenas benéficas, torneos, mercadillos, sorteos o campañas para captar nuevos socios a través de telemarketing o face to face. En esta partida, tampoco debemos olvidar los recursos empleados para gestionar subvenciones y ayudas tanto públicas como privadas.

Los gastos de estructura y captación de fondos son necesarios y deben ser razonables

El equilibrio entre los gastos de cada ONG va a venir determinado por numerosos factores como pueden ser su reciente creación o la apertura de nuevos centros que requieren de un mayor esfuerzo en captación de fondos. Pero también influye la naturaleza de sus actividades y la forma en la que las lleva a cabo. De hecho, dependiendo de las tareas realizadas por los voluntarios habrá un determinado impacto en el reparto de gastos.

En algunas entidades, hay voluntarios que se encargan de las tareas administrativas y/o de captación de fondos. Es el caso de los Bancos de Alimentos en los que voluntarios realizan funciones de dirección y captación de fondos como la Gran Recogida. En estos casos es habitual que la proporción de gastos de misión aumente.

Hay otras entidades en las que el personal remunerado se dedica a los temas administrativos y de captación de fondos dejando a los voluntarios las actividades misionales. En Ampara por ejemplo, los voluntarios realizan talleres en los centros penitenciarios y salidas para hijos menores de 3 años de las reclusas. Gracias a la labor de los voluntarios, los proyectos de misión tienen un coste económico muy reducido y proporcionalmente sus gastos de administración o captación de fondos pueden parecer más altos.

Otras organizaciones trabajan exclusivamente con personal voluntario. Es el caso de Bokatas, que salen de ruta repartiendo bocadillos, café y caldo para pasar un rato con las personas sin hogar, o COEM que envía médicos y enfermeras voluntarios a Camerún para realizar cirugías ortopédicas y traumatológicas. En estas organizaciones, al no haber ninguna persona remunerada, los voluntarios realizan tanto las actividades misionales como las de administración y captación de fondos. Como consecuencia en estas entidades, se emplean recursos que no tienen valoración económica en la cuenta de resultados.

Estos ejemplos ilustran que siempre hay una serie de costes necesarios para el funcionamiento de la entidad. Dicho esto, como donantes responsables, ¿no deberíamos ser cautos con las entidades que anuncian a bombo y platillo que el 100% de sus recursos van a parar a sus proyectos? Porque, aunque basen la mayor parte de su actividad en el voluntariado y tengan reducidos sus gastos de estructura, siempre necesitarán unos recursos mínimos para garantizar una adecuada gestión, supervisión y sostenibilidad económica.

La casuística es tan variada como el propio conjunto de entidades no lucrativas. Por ello debemos considerar la distribución de gastos en el contexto de la organización y su forma de trabajar.

Una buena administración tiene coste

Llevar una contabilidad, gestionar el personal y el voluntariado, realizar el seguimiento de la actividad, planificar, hacer auditorias de cuentas y de proyectos, tener sistemas de calidad, realizar trámites administrativos, elevar a público los acuerdos del órgano de gobierno… Todas esto tiene un coste que la organización asume porque es necesario.

No son partidas que un donante medio considere atractivas para financiar, pero no por ello dejan de realizarse mes tras mes. Quizá entendiendo qué implica la administración de una ONG estaremos más dispuestos a asumir que una parte de nuestra aportación debe destinarse a financiarla. Debemos comprenderlo y valorarlo porque es necesaria una gestión que asegure la eficiencia y nos ofrezca confianza. Gestionar tiene costes.

Fundraising por necesidad, para asegurar las sostenibilidad en el tiempo

El Tercer Sector necesita realizar un esfuerzo de captación de fondos, dado que las ONG, por naturaleza, se financian a partir de aportaciones de terceros. Es fácil entender que si una ONG no invierte en captación de fondos le será más complicado conseguir recursos que destinar a su misión. Ahondando en este punto, los datos del último Barómetro de Entidades No Lucrativas indican que los profesionales más demandados por las ONG son los de captación de fondos, seguidos por los de digitalización.

Respondiendo a las preguntas: ¿A dónde va mi donativo? ¿El dinero llega a quien lo necesita?

Sí, llega. Como media, las más de 240 ONG Acreditadas con el sello Dona con Confianza destinan un 84% a gastos de misión, un 9% a gastos de administración y un 7% a gastos de captación de fondos.

En la ficha de cada ONG Acreditada se detalla, junto al origen de sus ingresos, la distribución de los gastos entre misión, administración y captación de fondos. También encontrarás el peso de las distintas actividades dentro de su misión. Ahora ya tienes las claves para entender los datos. 

Consulta el buscador de ONG Acreditadas con el sello Dona con Confianza.

Fundación Lealtad es un evaluador independiente de ONG. Analizamos la gestión, gobernanza, uso de los fondos, situación económica, voluntariado y transparencia de las ONG. Para que puedas colaborar con garantía y realizar una donación eficaz.

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