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Mujer con mascarilla sostiene a menor. Foto cedida por Manos Unidas

El coronavirus acelera la tormenta perfecta de los países empobrecidos

Seis meses después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibiera la notificación de China sobre el primer caso de COVID-19, 10 millones de personas se han infectado y 500.000 personas han fallecido por esta enfermedad. Aunque muchos países han realizado progresos, la pandemia se está acelerando a nivel mundial y avanza a diferentes velocidades por América, África y Asia.

Mientras que en Europa y en las regiones golpeadas al inicio (China y Corea del Sur) las principales preocupaciones son los rebrotes y las futuras oleadas, el foco se centra ahora en prevenir y mitigar el impacto del virus en los países empobrecidos. A las dificultades históricas que enfrentan estas regiones, sistemas sanitarios débiles, limitación de acceso a agua potable, infraestructuras sociales deficitarias, economía y vivienda informales, etc., hay que sumarle el desplome del turismo y la caída el precio de materias primas como consecuencia de la pandemia.

Si algo nos ha enseñado esta crisis sanitaria, cuyas consecuencias económicas y sociales todavía desconocemos, es que este virus no entiende de fronteras y que la visión global es tan importante como la nacional. Hablamos con ONG de Cooperación y Ayuda humanitaria cuya actividad se desarrolla en las regiones más necesitadas asistiendo a comunidades vulnerables.

América Latina, la región con más desigualdad, epicentro de la pandemia

La COVID-19 se está propagando de forma agresiva en Latinoamérica, donde tres de cada diez personas no tienen acceso a servicios sanitarios por razones económicas según datos de la ONU. A cierre de junio, los países más afectados de la región son Brasil con 1,3 millones de casos y 57.600 personas fallecidas, México con 216.000 contagios y 26.000 decesos, y Perú con 279.00 casos confirmados y 9.300 muertes.

“La situación también es muy grave en Venezuela, Colombia, Chile, Ecuador, Guatemala, Nicaragua y Haití, cuyos riesgos para la población más vulnerables se agravan con la época de huracanes que precisamente comienza ahora”, añade Javier Ruiz, director general de World Vision España.

La red de la que forma parte esta ONG está actuando en la región desde cuatro áreas: la prevención y contención del virus, el refuerzo del sistema y personal sanitario, la asistencia a las familias en situación de pobreza y la presión sobre los gobiernos para dar una respuesta coordinada. “Nuestra actividad ha alcanzado ya a 6 millones de personas en 15 países de la región con especial foco en los más vulnerables”, señala Javier Ruiz.

Entre los beneficiarios, se encuentran 2.3 millones de niños y niñas, un colectivo sobre el que el coronavirus tiene un gran impacto. Se estima que la vida de 30 millones de menores está en riesgo por no poder acceder a vacunas o al tratamiento de otras enfermedades y por el cierre de escuelas que impide no solo el acceso a la educación, sino en muchos casos al agua limpia y la única comida del día.

África, un mundo de refugiados y desplazados internos

La COVID-19 ha acentuado crisis humanitarias de regiones africanas como República Democrática del CONGO, el Sahel, Somalia, Siria, Yemen, entre otras, agravando la situación de vulnerabilidad que sufren los refugiados y desplazados internos en un continente asolado por la guerra cuyos sistemas sanitarios son demasiado débiles para afrontar una pandemia.

ACNUR, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, teme una mayor letalidad entre las personas bajo su amparo, debido a las condiciones de pobreza y hacinamiento en las que viven que les impiden acceder a servicios básicos de alimentos e higiene, agua limpia y atención médica.

“Calculamos que el pico de la pandemia tardará en llegar de tres a seis meses a las economías más pobres, pero sus estragos ya se están notando: los ingresos de los hogares se han reducido drásticamente, la escolarización de los niños y niñas refugiados se ha visto interrumpida y la cadena de suministros afectada”, comenta Amaia Celorrio, responsable de Comunicación del Comité español de ACNUR.

Entre las líneas de trabajo que ha puesto en marcha la ONG, destaca la prevención y mitigación de los efectos del coronavirus en los campos de refugiados: “Desde marzo, estamos formando a personal sanitario, difundiendo información sobre el virus y las medidas de higiene, asegurando el suministro de agua y jabón, limpieza y desinfección de zonas comunes. Además, hemos construido centros de aislamiento y tratamiento”, apunta Amaia Celorrio.

La paradoja de Asia, origen del coronavirus

En Asia, el continente donde se originó la COVID-19, el impacto ha sido muy limitado, teniendo en cuenta que allí habita el 60% de la población mundial. Ello se debe a que desde el inicio se tomaron medidas drásticas de confinamiento que han protegido a sus habitantes desde el punto de vista sanitario.

Sin embargo, tal y como señala Manos Unidas, los efectos económicos están siendo devastadores: “En India, en torno a un 35% de la población trabaja en la economía informal y tiene que salir a diario a ganarse el sustento, la situación humanitaria y social de los más vulnerables es trágica”, asegura Ramón Álvarez, Coordinador de Proyectos de Asia. Además, este país superó a principios de junio la barrera de los 500.00 contagiados situándose en el cuarto país con más contagios del mundo. Esto podría significar que la tendencia a la baja de nuevos casos en el continente se está revirtiendo.

La ONG, que apoya 29 proyectos en Asia, está centrando sus esfuerzos en dar respuesta a peticiones sanitarias, preventivas y alimentarias provocadas por las situaciones de hambre generadas por el confinamiento, al tiempo que atiende a los sectores de población más desfavorecidos. Entre las principales dificultades que se están encontrando en el continente, destaca la subida de precios de los equipos y los retrasos en el suministro por exceso de demanda.

La crisis de los cuidados, una pandemia mundial permanente

La emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto la importancia de los cuidados para la sostenibilidad de la vida y el desarrollo de las sociedades. Las mujeres han estado y están en primera línea de respuesta como profesionales sociales, sanitarias, voluntarias y cuidadoras, asumiendo costos físicos y emocionales, y en ocasiones sin remuneración ni valoración social.

Así lo denuncia InteRed, para la que la crisis de los cuidados también es global porque el sistema económico da prioridad al mercado en vez de a la vida: “Es insostenible para las mujeres, ya sea en España, Guatemala, India o República Democrática del Congo, seguir manteniendo las tareas de los cuidados, la crianza y el hogar sobre nuestras espaldas, al tiempo que continuamos con nuestros trabajos y afrontamos desigualdades laborales”, proclama Teresa Pineda, responsable de Coeducación de la entidad en Andalucía.

Por este motivo, señalan que el enfoque de género ha sido el gran ausente en la gestión de la pandemia al no abordarse su impacto diferenciado sobre la desigualdad ya existente entre niñas y mujeres. Como señala ONU Mujeres, es necesario garantizar que las necesidades de las enfermeras y médicas estén integradas en la respuesta a esta crisis; hay que asegurar los servicios para las víctimas de abuso y violencia de género; incluir medidas de rescate y estímulos financieros que reconozcan la economía del cuidado y colocar a las mujeres en la toma de decisiones sobre cómo salir de esta crisis.

InteRed lleva más de 8 años trabajando en la pedagogía de los cuidados con el objetivo de promover un nuevo modelo de desarrollo: “Nuestra meta es lograr que las personas sean el centro y se asuma una responsabilidad colectiva de los cuidados, donde los gobiernos estén implicados y los reconozcan como cuarto pilar del estado de bienestar”, explica Teresa Pineda.

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02/07/2020

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