Un alumno de Down Madrid en una clase de pintura

El arte como experiencia transformadora

Las prácticas artísticas son un elemento esencial del desarrollo integral del individuo. Talleres de baile, teatro, certámenes literarios, concursos de pintura, etc., descubre el poder del arte como vehículo de inclusión social a través de las actividades de nuestras ONG Acreditadas.

Seguro que has experimentado alguna vez el poder curativo del arte: como cuando dejaste de preocuparte por el trabajo memorizando aquellos pasos de baile; o cuando caíste como un bebé después de ese concierto tras días de insomnio; ¿qué me dices de ese libro en el que te sumergiste durante horas ahogando tu ansiedad en él? Sin olvidar aquella obra de teatro, que te hizo conectar con el resto de la sala venciendo a la soledad del domingo.

Nuestro bienestar está más relacionado con el arte de lo que pensamos y son muchas las voces que señalan sus efectos positivos en la salud mental y física. Desde la Organización Mundial de la Salud, expertos y médicos han empezado a recomendar ir al cine, escuchar música o ver una exposición para combatir la depresión y el estrés.

“El arte nos permite desconectarnos del mundo, evadirnos y centrar nuestra mente en algo concreto. El ejercicio de centrarnos en una tarea concreta es lo que facilita que podamos considerar la elaboración de una pieza artística una estrategia que nos ayuda a gestionar el estrés y la ansiedad, lo cual tiene implicaciones físicas e intelectuales”, señala José Manuel Chacón, director del área de Inclusión Activa de la Fundación Síndrome de Down Madrid.

Vehículo de inclusión social

Además de receta contra dolencias y aflicciones, el arte es un elemento esencial para el desarrollo integral del individuo. Bajo este enfoque trabaja precisamente la ONG Down Madrid, que ofrece un amplio programa de actividades culturales para estimular la creatividad de sus alumnos.

A través de clases de baile, teatro, certámenes literarios y concursos de pintura con proyección internacional como el premio MAXAM, las personas con discapacidad intelectual acceden al arte como forma de expresión y de comunicación.  «En algunos casos puede llegar a representar la principal vía de relación con el entorno”, apunta José Manuel, quien añade que es una forma de socialización “porque entran en contacto con otros creadores con los que compartir una afición común”.

Como resultado de los talleres, algunas de las obras de estos verdaderos artistas se ponen a la venta en el Museo del Prado o el Museo Thyssen-Bornemisza gracias a la iniciativa ArteDown, que también permite adquirir los productos vía email con fines solidarios.

Fomentar la cultura es promover la diversidad. Así lo defiende Plena Inclusión con su manifiesto por la cultura inclusiva, un proyecto en el que han trabajado expertos en discapacidad de distintas entidades y del ámbito de la cultura gracias al programa Rompiendo Barreras de Fundación Repsol. La iniciativa comprende colaboraciones con museos, salas de exposiciones y universidades para impulsar el acceso a la cultura de personas con discapacidad intelectual, tanto en calidad de espectadores como de profesionales y creadores.

La creatividad como elemento integrador es el punto de partida del programa de formación en artes escénicas del Grupo AMÁS. Con el objetivo de formar a personas con discapacidad intelectual y habilitar un espacio de creación inclusivo, la iniciativa AMÁS Escena ha logrado proyectar la diversidad en las pantallas de todo el país con la participación de sus artistas en la película Campeones y en obras de teatro por todo el territorio español.

Herramienta comunitaria y educativa

Las prácticas artísticas también son un aliado perfecto para potenciar la comunicación y el conocimiento de uno mismo y de los que nos rodean. Su metodología participativa permite enfocarlas desde el diálogo y el aprendizaje en grupo tejiendo redes humanas que la vida moderna a veces olvida, especialmente a la tercera edad.

La ONG Grandes Amigos, que trabaja por mejorar la calidad de vida de las personas mayores con recursos limitados y en situación de aislamiento y/o soledad, acerca la cultura a los mayores a través de la visita en grupo a museos, exposiciones, teatro, demostrando que el arte es una excusa perfecta para estrechar lazos con la comunidad.

Y puesto que el arte no tiene edad, los más pequeños también deberían poder beneficiarse de su poder transformador. Para implicar a los menores en una actividad creativa, la Fundación Pequeño Deseo organiza desde hace 9 años ARCOkids, un espacio para que los niños se conviertan en artistas por un día a la vez que realizan una acción solidaria. En el marco de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo Arco, participan en talleres artísticos cuyos beneficios van destinados íntegramente a cumplir deseos de niños enfermos.

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